El caballo

viernes, 7 de marzo de 2008

 

Estampa taurina de Francisco de Goya

Una cornada en el corazón mata al caballo,
una estocada en la misma víscera derriba al toro,
que a su vez, en derrote desesperado y vengador,
abre al lidiador el pericardio.
Puestos que todos poseen
un corazón y un sistema nervioso complicado
¿concederemos alma a los tres o a uno sólo?
Y si nos decidimos por la última disyuntiva
¿se la otorgaremos al caballo inocente,
al toro feroz
o al hombre rudo
que en vez de cultivar la tierra,
tiene por oficio destruir los animales
que ayudan a labrarla?
¿Quién es menos bruto de los tres
y el más digno de la inmortalidad del espíritu?
Para mí la cuestión no ofrece la menor duda;
el caballo.

Santiago Ramón y Cajal