La Dama de Shalott

lunes, 1 de febrero de 2010

La dama de Shalott de Henry Peach Robinson (1882)


I parte

A ambos lados del río se despliegan

anchos campos de cebada y centeno,

que decoran la tierra y se reúnen con el cielo;

y a través del campo se extiende el camino

que va hacia las torres de Camelot;

y la gente va y viene,

contemplando el lugar donde se balancean los lirios

alrededor de la isla de allí abajo,

la isla de Shallot.


Los sauces palidecen, tiemblan los álamos,

Las leves brisas se ensombrecen y tiemblan

en las olas que discurren sin cesar

por el río que rodea la isla

fluyendo hacia Camelot.

Cuatro muros grises y cuatro torres grises,

dominan un lugar rebosante de flores,

y la silenciosa isla aprisionaa la Dama de Shallot.


Por la orilla, cubiertas por los sauces,

se deslizan las pesadas barcazas

tiradas por lentos caballos; e ignorada

navega la chalupa con revoltosa vela de seda

rasurando las aguas hacia Camelot:

pero, ¿Quién la ha visto agitando su mano?

¿O asomada en el marco de la ventana?

¿Acaso es conocida en todo el reino

la Dama de Shallot?


Sólo los segadores, segando temprano

entre la espesura de cebada,

escuchan un canto que resuena vivamente

desde el río transparente que serpea,

hacia las torres de Camelot:

Y a la luz de la luna, el cansado segador,

apilando los fajos en aireadas mesetas,

al escucharla, murmura: “Es el hada

Dama de Shallot”.


II parte


Allí, noche y día, teje

un mágico lienzo de alegres colores.

Ha oído un susurro advirtiéndole

que una maldición caerá sobre ella

si mira hacia Camelot.

Desconoce el tipo de que maldición es,

y debido a ello teje sin parar,

sin preocuparse de nada más,

la Dama de Shallot.

Y moviéndose a través de un cristalino espejo

colgado todo el año ante ella,

aparecen las tinieblas del mundo.

Ve la cercana calzada

discurriendo hacia Camelot:

ve los arremolinados torbellinos del río,

los rudos patanes pueblerinos,

y las capas rojas de las muchachas,

provinientes de Shallot.


A veces, un grupo de alegres damiselas,

un abad deambulando,

a veces, un pastorcillo con bucles en el pelo ,

o un paje con melena y vestido carmesí,

van hacia las torres de Camelot;

Y a veces, a través del azul espejo

los caballeros vienen cabalgando en pares:

No tiene un caballero leal y franco,

la Dama de Shallot.

Pero aún gozando en tejer

en su lienzo las visiones del mágico espejo,

-cuando a menudo en las noches silenciosas

un funeral, con velas, penachos

y música, se dirigía hacia Camelot;

o cuando la luna estaba en lo alto,

y llegaban dos amantes recién casados-

“Cansada estoy de las sombras”,

dijo la Dama de Shallot.


III parte


A tiro de arco de su alero,

cabalgaba entre los fajos de cebada,

el sol resplandecía por entre las hojas,

y llameó en las grebas de bronce

del intrépido Lanzarote.

Un cruzado de rodillas para siempre

ante una dama en su escudo,

que resplandecía entre los dorados campos, cercanos a la remota

Shallot.


Las engarzadas bridas brillaban libres,

como las ramificaciones estelares que vemos

suspendidas en la áurea Galaxia.

Alegres resonaban los cascabeles

mientras él cabalgaba hacia Camelot:

y de su ostentoso tahalí colgaba

un poderoso clarín de plata,

y al galope su armadura repicaba,

cerca de la remota Shallot.

Bajo el azul del despejado día

brillaba la lujosa montura de cuero,

el yelmo junto con su pluma

ardían juntos en una única llama,

mientras él cabalgaba hacia Camelot.

Como suele suceder en la purpúrea noche,

bajo radiantes constelaciones,

algunos meteoros, trayendo una estela de luz gravitan

sobre la apacible Shallot.

Su frente clara y amplia resplandecía al sol;

con cascos bruñidos pisaba su caballo;

bajo el yelmo flotaban sus rizos

negros como el carbón mientras cabalgaba,

mientras cabalgaba hacia Camelot.

Desde la orilla y el río

Brilló en el cristalino espejo,

“Tirra lirra”, por el río

cantaba Sir Lancelot.

Ella dejó el lienzo, dejó el telar,

dio tres pasos por la habitación,

vio florecer el lirio en el agua,

vio la pluma y el yelmo,

y miró hacia Camelot.

La tela salió volando y ondeó en el vacío;

El espejo se quebró de lado a lado;

“la maldición cae sobre mí”, gritó

la Dama de Shallot.


IV parte

Tensos, bajo el tormentoso viento del este,

los dorados bosques empalidecían,

la corriente gemía en la ribera,

el cielo encapotado llovía fuertemente

sobre las torres de Camelot;

Ella descendió y halló una barca

flotando junto al tronco de un sauce,

y alrededor de la proa escribió

“La Dama de Shallot”.


Y en la oscura extensión río abajo

-como un audaz vidente en trance,

contemplando su infortunio-

con turbado semblante

miró hacia Camelot.

Y al final del día

la amarra soltó, dejándose llevar;

la corriente lejos arrastró

a la Dama de Shallot.
Yaciendo, vestida con níveas telas

ondeando sueltas a los lados

-cayendo sobre ella las ligeras hojas-

a través de los susurros nocturnos

navegó río abajo hacia Camelot:

Y yendo su proa a la deriva

entre campos y colinas de sauces,

oyeron cantar su última canción,

a la Dama de Shallot.

Escucharon una tuna, lastimera, implorante,

tanto en voz alta voz como en voz baja,

hasta que su sangre se fue helando lentamente,

y sus ojos se oscurecieron por completo,

vueltos hacia las torres de Camelot;

Y es que antes de que fuera llevada por la corriente

hacia la primera casa junto a la orilla,

murió cantando su canción,

la Dama de Shallot.

Bajo torres y balcones,

por muros de jardín y tribunas,

con brillante esbeltez pasó flotando,

entre las casas, pálida como la muerte

y silenciosa por Camelot.

A los muelles acudieron,

caballeros y burgueses, damas y lores,

y en torno a la proa su nombre leyeron,

La Dama de Shallot.

¿Quién es? ¿Y qué hace aquí?

Y junto al iluminado palacio,

cesaron los sones de vitoreo real;

y temerosos se persignaron

todos los caballeros de Camelot:

Pero Lancelot se quedó pensativo;

dijo, “Tiene un rostro hermoso;

Dios, en su bondad, la llenó de gracia,

a la Dama de Shallot”.


Alfred TENNYSON

Afganistán

lunes, 25 de enero de 2010

Francesco Cocco - Mujeres afganas
(Ganador en el XIII certamen de fotografía Luis Valtueña)

Nada permanece tanto como el llanto

viernes, 22 de enero de 2010

Patrick Farrell (The Miami Herald)
Premio Pulitzer 2009 por el huracan Ike en Haití

I
¿En qué preciso momento se separo la vida de nosotros,
en qué lugar,
en qué recodo del camino?
¿En cuál de nuestras travesías se detuvo el amor
para decimos adiós?
Nada ha sido tan duro como permanecer de rodillas.
Nada ha dolido tanto a nuestro corazón
como colgar de nuestros labios la palabra amargura.
¿Por qué anduvimos este trecho desprovistos de abrigo?
¿En cuál de nuestras manos se detuvo el viento
para romper nuestras venas
y saborear nuestra sangre?
Caminar... ¿Hacia dónde?
¿Con qué motivo?
Andar con el corazón atado,
llagadas las espaldas donde la noche se acumula,
¿para qué?, ¿hacia dónde?,
¿Qué ha sido de nosotros?
Hemos recorrido largos caminos.
Hemos sembrado nuestra angustia
en el lugar más profundo de nuestro corazón.
¡Nos duele la misericordia de algunos hombres!
Conquistar nuevos continentes, ¿quién lo pretende?
Amar nuevos rostros, ¿quién lo desea?
Todo ha sido arrastrado por las rigolas.
No supimos dialogar con el viento y partir,
sentarnos sobre los árboles intuyendo próxima la partida.
Nos depositamos sobre nuestra sangre
sin acordamos de que en otros corazones el mismo líquido ardía
o se derramaba combatido y combatiendo.
¿Qué silencios nos quedan por recorrer?
¿Qué senderos aguardan nuestro paso?
Cualquier camino nos inspira la misma angustia,
el mismo temor por la vida.
Nos mutilamos al recogemos en nosotros,
nos hicimos menos humanidad.
Y ahora,
solos,
combatidos,
comprendemos que el hombre que somos
es porque otros han sido.

II
Ya no es necesario atar al hombre para matarlo.
Basta con apretar un botón
y se disuelve como montaña de sal bajo la lluvia.
Ni es necesario argüir que desprecia al amo.
Basta con proclamar -ceñuda la frente-
que comprometía la existencia de veinte siglos.
Veinte siglos,dos mil años de combatida pureza,
dos mil años de sonrisas clandestinas,
dos mil años de hartura para los príncipes.
Ya no es necesario atar al hombre para matarlo.
La noche,
los rincones,
no,
nada de eso sirve ya.
Plazoletas y anchas calles se prestan bulliciosas.
No cuenta el asesinato con los pacientes,
No cuenta el príncipe con los sumisos.
Todos han olvidado que el hombre es aún capaz de cólera.
Las llamas se extinguen sin haber consumido el odio.
El día irredento ha postergado la resurrección del hombre.
Y los otros,
Aquellos que presencian la matanza sentenciando:
"Locos, habeis tocado a la puerta de la muerte
y ella se quedó en vosotros!"
Esos
Solo saben predecir la muerte,
No han aprendido a combatirla.
No han aprendido a cobijar la tierra en el corazón
Ni a ganar la patria para el hombre.
Y el sumido, ¿qué hace?
¿Dónde deposita su silencio?
¿En qué lugar del corazón teje la venganza?
Nadie lo sabe.
Todos le han olvidado.
Se ha dictaminado que su morada sea la sombra,
que el pan deshabitado sea su alimento,
que el pico le prepare el lecho
y la pala le cubra el corazón.
¿Qué es el hombre combatido?
Nadie lo recuerda.
Lo visten los trapos.
Lo arrojaron en la parte trasera de la casa
y allí
con los residuos
un guiñapo se amontona.
Las llamas se extinguen.
Se arrinconan los hombres en una sola sombra,
en un solo silencio,
en un solo vocablo,
en un llanto solo
y cuando todo sea uno,
uno el llanto y el vocablo uno
no habrá paz sobre la tierra.
¿No habrá paz?
Y aquellos que dictaminaron el destino del hombre,
los que jamás contaron con los sumisos,
amasarán con sangre su propia podredumbre.
¡No habrá paz!
¡Llanto para quebrar el llanto,
muerte para matar la muerte!

VII
Hemos ido acumulando corazones en nuestro corazón,
palabras en nuestra voz quebrantada por azadones.
Hemos dejado huellas por todos los caminos
y algunos de nosotros ya no estamos.
Hemos ido de manos con las sombras.
Nuestro andar es un grito estacionado.
Por cada paso, un día que transcurre.
Por cada palabras, mil palabras que vocifera la prole.
Qué será de nosotros después de esta larga travesía?
Poco importan si el mármol o la piedra eternizan
nuestro corazón de húmedo barro.
Nos basta con que nuestra voz perdure en la voz
del amigo, en la del compañero de rutas que nos tendió
la mano cuando se aproximaba la caída
Hemos llenado muchos de los vacíos que nos legaran.
A otros toca llenar los que nosotros dejamos.
Apenas tuvimos tiempo para remendar la herencia.
qué corazón irá nuestro corazón a depositarse?
A qué silbido irá nuestro silbo a renovarse?
Nada sabemos,
cumplimos una jornada que empezó antes que nosotros
y que no concluirá con nosotros.

Jacques Viau Renaud
(Puerto Principe, Haití 1942-Santo Domingo 1965)

Aurorretratos de una real pintora

















Gaffiti

domingo, 17 de enero de 2010

Magia de la noche

jueves, 7 de enero de 2010

Arnaldo Nasi- La noche y su magia.

Era la noche cálida como lo son tus ojos,

gruta de magia blanca era la noche.

Era la noche cómplice, bajo qué estrellas rotas

cobijamos el sueño de una noche,

de un verano sin noche, de un instante tan hondo

que era nada la vida aquella noche.

Galerías secretas de tus ojos sin bruma,

su nocturno fulgor, su brillo intacto.

Fresca rama tu risa golpeando mi pecho

en esa abierta herida de la noche.

Temblaban nuestras manos unidas en la noche,

y era noche el perfume de tu pelo,

y dolía mirarte como cuando hace frío

y quemaba en mi noche tu mirada.

Cuando besé tus labios, pareció arder la noche.

Igual que un corazón latió la noche.

y fue la noche nuestra y robamos la noche.

Sigilosa la luna nos seguía los pasos.

Abelardo Linares
De "Espejos" 1986 - 1991


CONCORDANCIAS: LAS PERSONAS DEL VERBO

viernes, 13 de noviembre de 2009


Una vez
Y por breve tiempo
Tú y yo
Fuimos de pronto hasta muy adentro
Nosotros

«Nosotros dos» podía yo decir
En las horas que fueron nuestras.

Desde hace tiempo
Si hablo de ti
Sólo puedo emplear
La tercera persona: Ella.



El yo empobrecido se hunde
Entre las concordias de la Nada.
José Emilio Pacheco

La conciencia

miércoles, 4 de noviembre de 2009

No cabe duda: si hay una hora del día en que la conciencia goza todos sus fueros, es la del despertar. Se distingue muy bien de colores después del descanso nocturno y el paréntesis del sueño. Ambiciones y deseos, afectos y rencores se han desvanecido entre una especie de niebla; faltan las excitaciones de la vida exterior; y así como después de un largo viaje parece que la ciudad de donde salimos hace tiempo no existe realmente, al despertar suele figurársenos que las fiebres y cuidados de la víspera se han ido en humo y ya no volverán a acosarnos nunca. Es la cama una especie de celda donde se medita y hace examen de conciencia, tanto mejor cuanto que se está muy a gusto, y ni la luz ni el ruido distraen. Grandes dolores de corazón y propósitos de la enmienda suelen quedarse entre las mantas.

Emilia pardo Bazán

La insolación

La Canción del Jacarandá

martes, 3 de noviembre de 2009


Al este y al oeste
llueve y lloverá
una flor y otra flor celeste
del jacarandá.

La vieja está en la cueva
pero ya saldrá
para ver que bonito nieva
del jacarandá.

Se ríen las ardillas,
ja jajá jajá,
porque el viento le hace cosquillas
al jacarandá.

El cielo en la vereda
dibujando está
con espuma y papel de seda
del jacarandá.

El viento como un brujo
vino por acá.
Con su cola barrió el dibujo
del jacarandá.

Si pasa por la escuela,
los chicos, quizá,
le pondrán una escarapela
del jacarandá.

María Elena Walsh

In memorian

martes, 20 de octubre de 2009


Videos tu.tv

Monsieur COK

sábado, 15 de agosto de 2009

Haoma

jueves, 30 de julio de 2009

Defender la alegría

martes, 19 de mayo de 2009




Defender la alegría como una trinchera

defenderla del escándalo y la rutina

de la miseria y los miserables

de las ausencias transitorias

y las definitivas

defender la alegría como un principio

defenderla del pasmo y las pesadillas

de los neutrales y de los neutrones

de las dulces infamias

y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera

defenderla del rayo y la melancolía

de los ingenuos y de los canallas

de la retórica y los paros cardiacos

de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino

defenderla del fuego y de los bomberos

de los suicidas y los homicidas

de las vacaciones y del agobio

de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza

defenderla del óxido y la roña

de la famosa pátina del tiempo

del relente y del oportunismo

de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho

defenderla de dios y del invierno

de las mayúsculas y de la muerte

de los apellidos y las lástimas

del azar

y también de la alegría.

Mario Benedetti

Dire Straits- Your latest trick

domingo, 17 de mayo de 2009

Palabras para Julia




Tú no puedes volver atrás

porque la vida ya te empuja

como un aullido interminable.


Hija mía, es mejor vivir

con la alegría de los hombres,

que llorar ante el muro ciego.


Te sentirás acorralada,

te sentirás perdida o sola,

tal vez querrás no haber nacido.


Yo sé muy bien que te dirán

que la vida no tiene objeto,

que es un asunto desgraciado.


Entonces siempre acuérdate

de lo que un día yo escribí

pensando en ti como ahora pienso.


Un hombre sólo, una mujer así,

tomados de uno en uno,

son como polvo, no son nada.


Pero yo cuando te hablo a ti,

cuando te escribo estas palabras,

pienso también en otros hombres.


Tu destino está en los demás,

tu futuro es tu propia vida,

tu dignidad es la de todos.


Otros esperan que resistas,

que les ayude tu alegría,

tu canción entre sus canciones.


Entonces siempre acuérdate

de lo que un día yo escribí

pensando en ti como ahora pienso.


Nunca te entregues ni te apartes

junto al camino, nunca digas

no puedo más y aquí me quedo.


La vida es bella, tú verás

como a pesar de los pesares,

tendrás amor, tendrás amigos.


Por lo demás no hay elección

y este mundo tal como es

será todo tu patrimonio.


Perdóname, no sé decirte

nada más, pero tú comprende

que yo aún estoy en el camino.


Y siempre, siempre, acuérdate

de lo que un día yo escribí

pensando en ti como ahora pienso.

José Agustín Goytisolo

Palabras para Julia, por Paco Ibáñez

jueves, 14 de mayo de 2009

Hace un año ya

lunes, 20 de octubre de 2008



  Porque soy animal de la noche, insomne lechuza de tertulias, que hace de la sombra una larga puntada entre dos luces.
   
   Porque la nana para vivir despierto, que no para no dormir, siempre fue una radio que me hablaba desde la terraza de la mesilla. 
   
   Porque he hallado amigos y maestros en esa pajarera ciega de la radio.
   
   Cuando su voz templada, sabia palabra de la noche, ocupaba los 32 rumbos de la noche brillando en la Rosa de los Vientos, me hice de los suyos, y lamentaba tenerme que bajar, disciplina del madrugón, de su vagón de aventura, de su globo de misterio, de la nada que pilotaba su talento.
   
   Todo en Él era noche. Cantaba la negra sosa que cuando muere el cantor, muere la vida. Cuando muere alguien que hace andar y hablar la noche, muere la noche.
   
   Resucitará en otras voces, sí. Pero en el infinito, ya para siempre, veremos una negra y ciega Rosa de los Vientos en el ojal de la madrugada. 
   
   Descansa en paz Juan Antonio Cebrián, Hermano de la noche.

                                                                        Antonio García Barbeito 

Gobiernos que no gobiernan

sábado, 11 de octubre de 2008

Alguien ha dicho que España es una nación muerta, que este pueblo es ingobernable y un hervidero de pasiones, entre las cuales no brilla la esperanza. Patente es la contradicción. Donde hierven las pasiones hay vida, y donde hay vida hay esperanzas. De que un pueblo no se deje gobernar por un régimen determinado, no se deduce que sea en absoluto ingobernable.

El alma española considera como transitorio el estado de cosas actual, y quiere una revolución que ponga fin a la interinidad en que el país se encuentra, que es una serie inacabable de perturbaciones, tiranías y represalias, porque las tiranías traen necesariamente la revolución.

No haya tiranía, y el alma española se dejará gobernar.

* * *

Hoy son permitidas las huelgas. Entre los recuerdos vagos y nebulosos de mi primera infancia se destaca, vigorosamente y con terrible claridad, un cuadro de horror. Cuatro soldados, provistos de sendas varas, impelían a varazos, y casi a la carrera, hacia la tahona donde se amasaba el pan de munición que se daba a la tropa de Cádiz, a unos cuantos panaderos que habían dejado el trabajo porque el asentista les había rebajado el jornal.

Todavía resuena en mi oído el varazo que en la casi desnuda espalda recibió, al pasar rozando conmigo, uno de los que hoy llamaríamos huelguistas.

Naturalmente, sólo vive en mi recuerdo la imagen de aquel tropel. La explicación apenas fue comprendida entonces por mí.

El alma española es ingobernable a varazos.

Hoy las huelgas suelen resolverse a tiros, pero el obrero no trabaja a golpes, como en los últimos días de Fernando VII. Si no muere, queda a salvo su dignidad de hombre.

* * *

Hubo un tiempo en que no era inviolable el domicilio; en que no era permitido aspirar a los puestos oficiales por los merecimientos propios, sino por la virtud de rancios pergaminos que testificasen la limpieza de la sangre o la antigüedad de la sangre azul; en que era punible la vitanda manía de pensar; en que la horca se imponía al pensamiento, y en que los hombres más distinguidos del país tenían que comer el pan de la emigración. ¿Podía ser gobernable con la horca y la emigración el alma del país?

* * *

Para asegurar los derechos de la personalidad humana, derramó España la sangre de sus hijos durante una asoladora guerra civil de siete años. La reacción carlista quedó vencida. Pero otra reacción se levantó formidable en medio de los vencedores para privarlos de los derechos conquistados. Gravó la Prensa con el depósito previo y el editor responsable; la esclavizó después con el lápiz rojo de los arbitrarios fiscales de imprenta; hizo enmudecer a la tribuna y a la joven democracia; holló los fueros y la majestad del Parlamento, y al fin, por una insensatez inconcebible, erigió en sistema de gobierno las llagas de Sor Patrocinio y el Patrocinio de las llagas.

¿Podía dejarse gobernar el alma española por las llagas de Sor Patrocinio?

¿Cómo no había de estallar la revolución iniciada en la bahía de Cádiz? ¿Por qué acusar de ingobernable al pueblo que no quiso sufrir el yugo de la monja milagrera?

* * *

El alma española no concibe hoy la existencia sin el desenvolvimiento íntegro de sus facultades físicas, intelectuales y morales, y no quiere la vida sin la inviolabilidad del hogar; sin la libertad de la palabra; la libertad de la Prensa; la libertad del trabajo; la conciencia libre, nunca molestada en la santidad de las creencias; sin la facultad de reunión; sin influencia en las decisiones de la justicia humana por medio del Jurado, y sin intervención en el gobierno de la sociedad por la soberanía del sufragio.

Si se ataca a esta soberanía, el alma española será tan ingobernable como siempre que se ha hecho pesar sobre ella la intolerancia de la arbitrariedad y de la tiranía.

* * *

El alma, española se siente con los bríos de la invención y del progreso. España que enseñó a Europa el arte de la navegación y de la minería, que levantó Catedrales como las de Burgos y Sevilla, León y Toledo; que en las artes del pincel y de la palabra no reconoce rival, se siente avergonzada de que no exista ni un solo apellido de Castilla en la gloriosa falange de los grandes genios cuyas creaciones conducen hacia el progreso a los pueblos civilizados.

La máquina de vapor se denomina de Watt; la caldera tubular lleva el nombre de Seguín; la locomotora el de Stephenson; el telar mecánico fue invención de Arkwright; la pila se debe a Volta; a Davy la luz eléctrica, las aplicaciones de la electricidad han inmortalizado los nombres de Faraday y de Ampère; Niepce y Daguerre hallaron la fotografía; Bunsen y Kirchhoff el análisis espectral; el fonógrafo pertenece a Edisson; el teléfono a Grahan Bell; los rayos X a Roentgen, y a Marconi el telégrafo sin hilos.

España quiere respirar la atmósfera de la invención, para que allí se formen los hombres que han de seguir a Echegaray, Cajal y Torres Quevedo. Quiere un sistema de enseñanza que nutra los entendimientos con la savia del porvenir. Quiere un gobierno que no ponga grillos a la enseñanza, y será ingobernable hasta que tal consiga.

* * *

En España nunca imperaron los horrores del feudalismo en la Edad Media; aquí jamás hubo siervos del terruño, y hoy un generoso espíritu altruista hace mirar con lástima en el corazón al bracero del campo, al obrero del taller y de la fábrica, al marinero que afronta la tempestad y a los que contratan el suicidio para trabajar en las minas de Almadén o de Bilbao.

A todos hay que dar alimento, vestido e instrucción, y hacer que para ellos sean realidades todos los derechos que permiten al hombre moderno el íntegro desenvolvimiento de sus energías físicas, intelectuales y morales, elevándolo a la dignidad de ciudadano desde la de casi esclavo que es ahora.

Mientras que haya latifundios sin cultivo y explotaciones que se alimentan de la salud humana, el país será ingobernable y estará siempre conturbado por las desperaciones de los oprimidos.

El hambre no se deja gobernar por la explotación.

* * *

No hay nada que tenga más fuerzas que las rutinas y las tradiciones, que viven de los privilegios. Pero al correr de los años, el espíritu de lo nuevo penetra en las conciencias, se apodera de la opinión, rechaza las rutinas y se rebela contra las tiranías de lo antiguo. Y ese espíritu nuevo no se deja gobernar por un régimen caduco, y, de no satisfacerse sus exigencias, demanda la satisfacción de sus aspiraciones, si no por medios evolutivos, por el estallido de la revolución.

* * *

No hay país más gobernable que España cuando la nación se siente animada de una idea generosa.

España no quería la guerra contra Cuba, porque España odiaba la esclavitud negrera. Y, sin embargo, dio la flor de su juventud para sostener el prestigio nacional en una guerra provocada por un gobierno incapaz de comprender que era imposible triunfar con nuestros escasos recursos, de una República que, al concluir la guerra de secesión, tenía en el Norte de los Estados Unidos, novecientos mil soldados y en el ya vencido Sur ciento veinte mil, armados y equipados como entonces no los tenía nación ninguna del mundo.

Pretender gobernar con los procedimientos antiguos a los hombres que sienten entusiasmos por los ideales nuevos, es la mayor locura que puede trastornar a los que no tienen fe en lo mismo que defienden. Y el que no tiene fe no puede triunfar de quien la tiene. Sólo acabarán las perturbaciones dejando desarrollar las grandes iniciativas del alma nacional.

España será ingobernable mientras esté mal gobernada.

Gobernar sin fe es desencadenar la revolución.

Eduardo Benot

Aires Zíngaros (Sarasate) por Sarah Chang

sábado, 20 de septiembre de 2008

Planeta azul

viernes, 5 de septiembre de 2008


Hemos de hacer todo cuanto esté en nuestras manos, hemos de luchar (...) para que no muera una roca redonda, inmensa, una roca con corazón de hierro y basalto, una roca con piel de agua y nubes, una roca con voz de trinos de pájaros y rumor de brisa, en la que se está mezclando con demasiada fuerza el estruendo de las máquinas inventadas por los hombres; una roca que viaja por el espacio tripulada por la especie humana y por todos los animales vivientes; una roca que a mi me gusta llamar planeta azul.
Félix Rodríguez de la Fuente