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Mientras bebo, solo, a la luz de la luna

jueves, 28 de abril de 2011




Un vaso de vino entre las flores:
bebo solo, sin amigo que me acompañe.
Levanto el vaso e invito a la luna:
con ella y con mi sombra seremos tres.
Pero la luna no acostumbra beber vino,
y mi perezosa sombra sólo sabe seguirme.
Festejemos, con mi amiga luna y mi sombra esclava,
mientras aún es primavera.
En las canciones que entono vibran rayos lunares;
en la danza que ensayo mi sombra se aferra y deshace.
Los tres juntos, antes de beber, holgábamos;
ahora, ebrios, cada cual va por su lado.
¡Regocijémonos muchas horas todavía,
en nuestro extraño festín inanimado,
para encontrarnos al fin en el Rio de las Nubes!



Nanas de la Cebolla

martes, 26 de abril de 2011



La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te traigo la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en tus ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que mi alma al oírte
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan lato,
tan extendido,
que tu carne es el cielo
recién nacido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa ni
lo que ocurre.

Miguel Hernández

LA ESTACIÓN TOTAL LA VOLUNTARIA M.

lunes, 25 de abril de 2011




I
SIESTA

¡Qué solo suene el tiempo rojo y verde
contra tu comenzada ausencia eterna!

¡En qué arrinconamiento quemado nos dejaste
la superficie material sin tu presencia!

Te llevaste contigo a tu más ser
la identidad de nuestro azul,
la instalación desnuda del anhelo,
el fervor amplio de la estación plena.

(Estoy viendo ascender la rosa que dijiste,
caliente, entre la luz mayor y, a un tiempo, fresca.

Verano y sol aquí encima, sin ti.
un eco frío y una pompa seca.)

Ahora será, otra vez primaveral, debajo,
a tu apretado alrededor, tu hora entera.

Hora con radios de tu corazón
centro parado en floración suprema.



II

ESPACIO

Tu forma se deshizo. Deshiciste tu forma.
Más tu conciencia queda difundida, igual, mayor,
inmensa,
en la totalidad.

Y te sentimos
alrededor, en el ambiente pleno
de ti, tu más gran tú.

Nos miras
desde todo, nos sumes,
amiga, desde todo, en ti, como en un cielo,
un gran amor,
o un mar.



III

LUGAR

Con la tierra, en la inmensa madrugada,
tú; en esa paz sin sed, que no admite cansancio,
tesoro del estar definitivo
bajo el abismo azul sin miedo ni cuidados...

(Mano, ¡con qué mano segura
te abriste tú la estrada del remanso;
qué bien sabías tú en la sombra, arriba,
que penetrabas en la luz, abajo!)

..Y en lo evidente variable,
por el alrededor, jardín de espera
de caballeros y señoras,
tirito al blanco de la feria vana,
los otros, sí, nosotros, grises, negros,
intentando, tentando, tanteando


IV

AURORA

Estará auroreando, primero, sobre ti
el campo seco. Guadarrama rosa;
aún soñará tu tierra gris en esa lucha dulce
del sol que viene y la huidera sombra;
el gorrión accidental, la fija esquila
gotearán su son, su pío de la hora.

¡Qué plenitud, tú en lo definitivo,
fundida a lo que nunca cambiará ya la historia;
estensión de tu yedra, tu nueva vida solitaria
por lo real profundo sin pasadiza forma;
semilla verdadera de lo fijo, escultura, conciencia
enquistada en la tierra que no de desmorona!

(Un momento, en su riel, el alto tren del alba
conducirá sus deslumbrados presos de una pena a otra.)

..¡Tú dentro ya, tú fuera, tú ya libre,
el vivo muere, el muerto es inmortal,
sustancia voluntaria para más alta obra!






Juan Ramón Jiménez (1932)

Rosa gnóstica

jueves, 27 de enero de 2011


Nada será que no haya sido antes.
Nada será para no ser mañana.
Eternidad son todos los instantes,
que mide el grano que el reloj desgrana.

Eternidad la gracia de la rosa,
y la alondra primera que abre el día,
y la oruga, y su flor la mariposa.
¡Eterna en culpa la conciencia mía!

Al borde del camino, recostado
como gusano que germina en lodo,
siento la negra angustia del pecado,
con la divina aspiración al Todo.

El gnóstico misterio está presente
en el quieto volar de la paloma,
y el pecado del mundo en la serpiente
que muerde el pie del Ángel que la doma.

Sobre la eterna noche del pasado
se abre la eterna noche del mañana.
¡Cada hora, una larva del pecado!
¡Y el símbolo la sierpe y la manzana!

Guarda el Tiempo el enigma de las Formas,
como un dragón sobre los mundos vela,
y el Todo y la Unidad, supremas normas,
tejen el infinito de su estela.

Nada apaga el hervor de los crisoles,
en su fondo, sellada está la eterna
Idea de Platón. Lejanos soles un día
encenderán nuestra caverna.

Mientras hilan las Parcas mi mortaja,
una cruz de ceniza hago en la frente.
El tiempo es la carcoma que trabaja
por Satanás. ¡Y Dios es el Presente!

¡Todo es Eternidad! ¡Todo fue antes!
¡Y todo lo que es hoy será después,
en el Instante que abre los instantes,
y el hoyo de la muerte a nuestros pies!

Ramon María del Valle Inclán

No volveré a ser joven

viernes, 24 de septiembre de 2010


Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

Jaime Gil de Biedma
"Poemas póstumos" 1968

Nunca volveré

jueves, 5 de agosto de 2010


Soy la mujer que ha despertado
Me he levantado y convertido en tempestad entre las cenizas de mis criaturas abrasadas
Me he alzado desde los arroyos de la sangre de mis hermanas
Me ha dado fuerzas la cólera de mi nación
Mis ruinosas y quemadas aldeas me llenan de rabia hacia el enemigo,
Soy la mujer que ha despertado,
He hallado mi camino y nunca volveré.
He abierto las puertas cerradas de la ignorancia
Me he despedido de todos los brazaletes de oro
Oh compatriota, ya no soy lo que fui
Soy la mujer que ha despertado
He hallado mi camino y nunca volveré.
He visto criaturas sin hogar vagando descalzas
He visto novias con jena vistiendo luto
He visto gigantes muros de prisiones devorando libertad en su feroz estómago
He vuleto a nacer en medio del coraje y la resistencia épica
He aprendido el canto de libertad en el último aliento, en las olas de sangre y en la victoria
Oh compatriota, oh hermano, no me veas más como débil e incapaz
Con todas mis fuerzas estoy contigo en la senda libertadora de nuestro país.
Mi voz se entremezcla con miles de mujeres en pie
Mis puños se enlazan con los puños de miles de compatriotas
Junto a ti he subido los escalones hacia el camino de mi nación,
Para acabar con todos esos sufrimientos y romper los grilletes de la escavitud,
Oh compatriota, Oh hermano, ya no soy lo que fui
Soy la mujer que ha despertado
He hallado mi camino y nunca volveré.


Meena Keshwar

Midas. Poema de amor

lunes, 12 de abril de 2010

"y yo me iré
y se quedarán los pájaros cantando."
J.R.J.


Y yo me iré,
y tu te quedarás
pensando en otra espera
tigre en celo.
Y yo me iré
con la mar en borrasca
rebuscando el camino
sin la luz de tu estrella,
y quedarán sangrantes
desgarrones de vida
en la reja del puerto.
Tu corazón y el mío
habrán bebido todas
las nuevas alegrías,
y tú te quedarás
con mi recuerdo
clavado en las pupílas
mirándolo crecer.


Marina Romero Serrano

Fusión

miércoles, 24 de marzo de 2010

Asentado en demasiadas causas mediatas
asentado junto a nuestras vidas
y los otros están allí
y por todas partes están los: «¡No!»
Y siempre más contra
que por
No condenar pues a aquél
que quiere asumir su parte en los
riesgos de la vida. Dejad
que se fusionen los metales
tolerad las alquimias que
por lo demás os dejan libres
de castigo
Es por la puerta de las
pupilas abiertas por donde las miradas
cruzadas han podido conducir al
acto fulminante de comunión:
«El ensanchamiento de los grandes
silencios»...
La mar vuelve a descender
a lo más bajo de la marea para
poder subir de nuevo a tiempo.
Un tiempo nuevo se ha abierto
una etapa un plazo un relevo
Así no nos quedaremos
sentados junto a nuestras vidas.


Le Corbusier
Extracto del Poema del ángulo recto

La copa de las hadas

viernes, 26 de febrero de 2010

¿Fue en las islas de las rosas,
en el país de los sueños,
en donde hay niños risueños
y enjambre de mariposas?
Quizá.
En sus grutas doradas,
con sus diademas de oro,
allí estaban, como un coro
de reinas, todas las hadas.
Las que tienen prisioneros
a los silfos de la luz,
las que andan con un capuz
salpicado de luceros.
Las que mantos de escarlata
lucen con regio donaire,
y las que hienden el aire
con su varita de plata.
¿Era día o noche?
El astro
de la niebla sobre el tul,
florecía en campo azul
como un lirio de alabastro.
Su peplo de oro la incierta
alba ya había tendido.
Era la hora en que en su nido
toda alondra se despierta.
Temblaba el limpio cristal
del rocío de la noche,
y estaba entreabierto el broche
de la flor primaveral.
Y en aquella región que era
de la luz y la fortuna,
cantaban un himno, a una,
ave, aurora y primavera.
Las hadas ?aquella tropa
brillante?, Delia, que he dicho,
por un extraño capricho
fabricaron una copa.
Rara, bella, sin igual,
y tan pura como bella,
pues aún no ha bebido en ella
ninguna boca mortal.
De una azucena gentil
hicieron el cáliz leve,
que era de polvo de nieve
y palidez de marfil.
Y la base fue formada
con un trémulo suspiro,
de reflejos de zafiro
y de luz cristalizada.
La copa hecha se pensó
en qué se pondría en ella
(que es el todo, niña bella,
de lo que te cuento yo).
Una dijo: ?La ilusión;
otra dijo: ?La belleza;
otra dijo: ?La riqueza;
y otra más: ?El corazón.
La Reina Mab, que es discreta,
dijo a la espléndida tropa:
Que se ponga en esa copa
la felicidad completa.
Y cuando habló Reina tal,
produjo aplausos y asombros.
Llevaba sobre sus hombros
su soberbio manto real.
Dejó caer la divina Reina
de acento sonoro,
algo como gotas de oro
de una flauta cristalina.
Ya la Reina Mab habló;
cesó su olímpico gesto,
y las hadas tanto han puesto
que la copa se llenó.
Amor, delicia, verdad,
dicha, esplendor y riqueza,
fe, poderío, belleza...
¡Toda la felicidad!...
Y esta copa se guardó
pura, sola, inmaculada.
¿Dónde? En una isla ignorada.
¿De dónde? ¡Se me olvidó!...
¿Fue en las islas de las rosas,
en el país de los sueños,
en donde hay niños risueños
y enjambres de mariposas?
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
Esto nada importa aquí,
pues por decirte escribía
que esta copa, niña mía,
la deseo para ti.

Rubén Darío

La Dama de Shalott

lunes, 1 de febrero de 2010

La dama de Shalott de Henry Peach Robinson (1882)


I parte

A ambos lados del río se despliegan

anchos campos de cebada y centeno,

que decoran la tierra y se reúnen con el cielo;

y a través del campo se extiende el camino

que va hacia las torres de Camelot;

y la gente va y viene,

contemplando el lugar donde se balancean los lirios

alrededor de la isla de allí abajo,

la isla de Shallot.


Los sauces palidecen, tiemblan los álamos,

Las leves brisas se ensombrecen y tiemblan

en las olas que discurren sin cesar

por el río que rodea la isla

fluyendo hacia Camelot.

Cuatro muros grises y cuatro torres grises,

dominan un lugar rebosante de flores,

y la silenciosa isla aprisionaa la Dama de Shallot.


Por la orilla, cubiertas por los sauces,

se deslizan las pesadas barcazas

tiradas por lentos caballos; e ignorada

navega la chalupa con revoltosa vela de seda

rasurando las aguas hacia Camelot:

pero, ¿Quién la ha visto agitando su mano?

¿O asomada en el marco de la ventana?

¿Acaso es conocida en todo el reino

la Dama de Shallot?


Sólo los segadores, segando temprano

entre la espesura de cebada,

escuchan un canto que resuena vivamente

desde el río transparente que serpea,

hacia las torres de Camelot:

Y a la luz de la luna, el cansado segador,

apilando los fajos en aireadas mesetas,

al escucharla, murmura: “Es el hada

Dama de Shallot”.


II parte


Allí, noche y día, teje

un mágico lienzo de alegres colores.

Ha oído un susurro advirtiéndole

que una maldición caerá sobre ella

si mira hacia Camelot.

Desconoce el tipo de que maldición es,

y debido a ello teje sin parar,

sin preocuparse de nada más,

la Dama de Shallot.

Y moviéndose a través de un cristalino espejo

colgado todo el año ante ella,

aparecen las tinieblas del mundo.

Ve la cercana calzada

discurriendo hacia Camelot:

ve los arremolinados torbellinos del río,

los rudos patanes pueblerinos,

y las capas rojas de las muchachas,

provinientes de Shallot.


A veces, un grupo de alegres damiselas,

un abad deambulando,

a veces, un pastorcillo con bucles en el pelo ,

o un paje con melena y vestido carmesí,

van hacia las torres de Camelot;

Y a veces, a través del azul espejo

los caballeros vienen cabalgando en pares:

No tiene un caballero leal y franco,

la Dama de Shallot.

Pero aún gozando en tejer

en su lienzo las visiones del mágico espejo,

-cuando a menudo en las noches silenciosas

un funeral, con velas, penachos

y música, se dirigía hacia Camelot;

o cuando la luna estaba en lo alto,

y llegaban dos amantes recién casados-

“Cansada estoy de las sombras”,

dijo la Dama de Shallot.


III parte


A tiro de arco de su alero,

cabalgaba entre los fajos de cebada,

el sol resplandecía por entre las hojas,

y llameó en las grebas de bronce

del intrépido Lanzarote.

Un cruzado de rodillas para siempre

ante una dama en su escudo,

que resplandecía entre los dorados campos, cercanos a la remota

Shallot.


Las engarzadas bridas brillaban libres,

como las ramificaciones estelares que vemos

suspendidas en la áurea Galaxia.

Alegres resonaban los cascabeles

mientras él cabalgaba hacia Camelot:

y de su ostentoso tahalí colgaba

un poderoso clarín de plata,

y al galope su armadura repicaba,

cerca de la remota Shallot.

Bajo el azul del despejado día

brillaba la lujosa montura de cuero,

el yelmo junto con su pluma

ardían juntos en una única llama,

mientras él cabalgaba hacia Camelot.

Como suele suceder en la purpúrea noche,

bajo radiantes constelaciones,

algunos meteoros, trayendo una estela de luz gravitan

sobre la apacible Shallot.

Su frente clara y amplia resplandecía al sol;

con cascos bruñidos pisaba su caballo;

bajo el yelmo flotaban sus rizos

negros como el carbón mientras cabalgaba,

mientras cabalgaba hacia Camelot.

Desde la orilla y el río

Brilló en el cristalino espejo,

“Tirra lirra”, por el río

cantaba Sir Lancelot.

Ella dejó el lienzo, dejó el telar,

dio tres pasos por la habitación,

vio florecer el lirio en el agua,

vio la pluma y el yelmo,

y miró hacia Camelot.

La tela salió volando y ondeó en el vacío;

El espejo se quebró de lado a lado;

“la maldición cae sobre mí”, gritó

la Dama de Shallot.


IV parte

Tensos, bajo el tormentoso viento del este,

los dorados bosques empalidecían,

la corriente gemía en la ribera,

el cielo encapotado llovía fuertemente

sobre las torres de Camelot;

Ella descendió y halló una barca

flotando junto al tronco de un sauce,

y alrededor de la proa escribió

“La Dama de Shallot”.


Y en la oscura extensión río abajo

-como un audaz vidente en trance,

contemplando su infortunio-

con turbado semblante

miró hacia Camelot.

Y al final del día

la amarra soltó, dejándose llevar;

la corriente lejos arrastró

a la Dama de Shallot.
Yaciendo, vestida con níveas telas

ondeando sueltas a los lados

-cayendo sobre ella las ligeras hojas-

a través de los susurros nocturnos

navegó río abajo hacia Camelot:

Y yendo su proa a la deriva

entre campos y colinas de sauces,

oyeron cantar su última canción,

a la Dama de Shallot.

Escucharon una tuna, lastimera, implorante,

tanto en voz alta voz como en voz baja,

hasta que su sangre se fue helando lentamente,

y sus ojos se oscurecieron por completo,

vueltos hacia las torres de Camelot;

Y es que antes de que fuera llevada por la corriente

hacia la primera casa junto a la orilla,

murió cantando su canción,

la Dama de Shallot.

Bajo torres y balcones,

por muros de jardín y tribunas,

con brillante esbeltez pasó flotando,

entre las casas, pálida como la muerte

y silenciosa por Camelot.

A los muelles acudieron,

caballeros y burgueses, damas y lores,

y en torno a la proa su nombre leyeron,

La Dama de Shallot.

¿Quién es? ¿Y qué hace aquí?

Y junto al iluminado palacio,

cesaron los sones de vitoreo real;

y temerosos se persignaron

todos los caballeros de Camelot:

Pero Lancelot se quedó pensativo;

dijo, “Tiene un rostro hermoso;

Dios, en su bondad, la llenó de gracia,

a la Dama de Shallot”.


Alfred TENNYSON

Nada permanece tanto como el llanto

viernes, 22 de enero de 2010

Patrick Farrell (The Miami Herald)
Premio Pulitzer 2009 por el huracan Ike en Haití

I
¿En qué preciso momento se separo la vida de nosotros,
en qué lugar,
en qué recodo del camino?
¿En cuál de nuestras travesías se detuvo el amor
para decimos adiós?
Nada ha sido tan duro como permanecer de rodillas.
Nada ha dolido tanto a nuestro corazón
como colgar de nuestros labios la palabra amargura.
¿Por qué anduvimos este trecho desprovistos de abrigo?
¿En cuál de nuestras manos se detuvo el viento
para romper nuestras venas
y saborear nuestra sangre?
Caminar... ¿Hacia dónde?
¿Con qué motivo?
Andar con el corazón atado,
llagadas las espaldas donde la noche se acumula,
¿para qué?, ¿hacia dónde?,
¿Qué ha sido de nosotros?
Hemos recorrido largos caminos.
Hemos sembrado nuestra angustia
en el lugar más profundo de nuestro corazón.
¡Nos duele la misericordia de algunos hombres!
Conquistar nuevos continentes, ¿quién lo pretende?
Amar nuevos rostros, ¿quién lo desea?
Todo ha sido arrastrado por las rigolas.
No supimos dialogar con el viento y partir,
sentarnos sobre los árboles intuyendo próxima la partida.
Nos depositamos sobre nuestra sangre
sin acordamos de que en otros corazones el mismo líquido ardía
o se derramaba combatido y combatiendo.
¿Qué silencios nos quedan por recorrer?
¿Qué senderos aguardan nuestro paso?
Cualquier camino nos inspira la misma angustia,
el mismo temor por la vida.
Nos mutilamos al recogemos en nosotros,
nos hicimos menos humanidad.
Y ahora,
solos,
combatidos,
comprendemos que el hombre que somos
es porque otros han sido.

II
Ya no es necesario atar al hombre para matarlo.
Basta con apretar un botón
y se disuelve como montaña de sal bajo la lluvia.
Ni es necesario argüir que desprecia al amo.
Basta con proclamar -ceñuda la frente-
que comprometía la existencia de veinte siglos.
Veinte siglos,dos mil años de combatida pureza,
dos mil años de sonrisas clandestinas,
dos mil años de hartura para los príncipes.
Ya no es necesario atar al hombre para matarlo.
La noche,
los rincones,
no,
nada de eso sirve ya.
Plazoletas y anchas calles se prestan bulliciosas.
No cuenta el asesinato con los pacientes,
No cuenta el príncipe con los sumisos.
Todos han olvidado que el hombre es aún capaz de cólera.
Las llamas se extinguen sin haber consumido el odio.
El día irredento ha postergado la resurrección del hombre.
Y los otros,
Aquellos que presencian la matanza sentenciando:
"Locos, habeis tocado a la puerta de la muerte
y ella se quedó en vosotros!"
Esos
Solo saben predecir la muerte,
No han aprendido a combatirla.
No han aprendido a cobijar la tierra en el corazón
Ni a ganar la patria para el hombre.
Y el sumido, ¿qué hace?
¿Dónde deposita su silencio?
¿En qué lugar del corazón teje la venganza?
Nadie lo sabe.
Todos le han olvidado.
Se ha dictaminado que su morada sea la sombra,
que el pan deshabitado sea su alimento,
que el pico le prepare el lecho
y la pala le cubra el corazón.
¿Qué es el hombre combatido?
Nadie lo recuerda.
Lo visten los trapos.
Lo arrojaron en la parte trasera de la casa
y allí
con los residuos
un guiñapo se amontona.
Las llamas se extinguen.
Se arrinconan los hombres en una sola sombra,
en un solo silencio,
en un solo vocablo,
en un llanto solo
y cuando todo sea uno,
uno el llanto y el vocablo uno
no habrá paz sobre la tierra.
¿No habrá paz?
Y aquellos que dictaminaron el destino del hombre,
los que jamás contaron con los sumisos,
amasarán con sangre su propia podredumbre.
¡No habrá paz!
¡Llanto para quebrar el llanto,
muerte para matar la muerte!

VII
Hemos ido acumulando corazones en nuestro corazón,
palabras en nuestra voz quebrantada por azadones.
Hemos dejado huellas por todos los caminos
y algunos de nosotros ya no estamos.
Hemos ido de manos con las sombras.
Nuestro andar es un grito estacionado.
Por cada paso, un día que transcurre.
Por cada palabras, mil palabras que vocifera la prole.
Qué será de nosotros después de esta larga travesía?
Poco importan si el mármol o la piedra eternizan
nuestro corazón de húmedo barro.
Nos basta con que nuestra voz perdure en la voz
del amigo, en la del compañero de rutas que nos tendió
la mano cuando se aproximaba la caída
Hemos llenado muchos de los vacíos que nos legaran.
A otros toca llenar los que nosotros dejamos.
Apenas tuvimos tiempo para remendar la herencia.
qué corazón irá nuestro corazón a depositarse?
A qué silbido irá nuestro silbo a renovarse?
Nada sabemos,
cumplimos una jornada que empezó antes que nosotros
y que no concluirá con nosotros.

Jacques Viau Renaud
(Puerto Principe, Haití 1942-Santo Domingo 1965)

Magia de la noche

jueves, 7 de enero de 2010

Arnaldo Nasi- La noche y su magia.

Era la noche cálida como lo son tus ojos,

gruta de magia blanca era la noche.

Era la noche cómplice, bajo qué estrellas rotas

cobijamos el sueño de una noche,

de un verano sin noche, de un instante tan hondo

que era nada la vida aquella noche.

Galerías secretas de tus ojos sin bruma,

su nocturno fulgor, su brillo intacto.

Fresca rama tu risa golpeando mi pecho

en esa abierta herida de la noche.

Temblaban nuestras manos unidas en la noche,

y era noche el perfume de tu pelo,

y dolía mirarte como cuando hace frío

y quemaba en mi noche tu mirada.

Cuando besé tus labios, pareció arder la noche.

Igual que un corazón latió la noche.

y fue la noche nuestra y robamos la noche.

Sigilosa la luna nos seguía los pasos.

Abelardo Linares
De "Espejos" 1986 - 1991


CONCORDANCIAS: LAS PERSONAS DEL VERBO

viernes, 13 de noviembre de 2009


Una vez
Y por breve tiempo
Tú y yo
Fuimos de pronto hasta muy adentro
Nosotros

«Nosotros dos» podía yo decir
En las horas que fueron nuestras.

Desde hace tiempo
Si hablo de ti
Sólo puedo emplear
La tercera persona: Ella.



El yo empobrecido se hunde
Entre las concordias de la Nada.
José Emilio Pacheco

La Canción del Jacarandá

martes, 3 de noviembre de 2009


Al este y al oeste
llueve y lloverá
una flor y otra flor celeste
del jacarandá.

La vieja está en la cueva
pero ya saldrá
para ver que bonito nieva
del jacarandá.

Se ríen las ardillas,
ja jajá jajá,
porque el viento le hace cosquillas
al jacarandá.

El cielo en la vereda
dibujando está
con espuma y papel de seda
del jacarandá.

El viento como un brujo
vino por acá.
Con su cola barrió el dibujo
del jacarandá.

Si pasa por la escuela,
los chicos, quizá,
le pondrán una escarapela
del jacarandá.

María Elena Walsh

Defender la alegría

martes, 19 de mayo de 2009




Defender la alegría como una trinchera

defenderla del escándalo y la rutina

de la miseria y los miserables

de las ausencias transitorias

y las definitivas

defender la alegría como un principio

defenderla del pasmo y las pesadillas

de los neutrales y de los neutrones

de las dulces infamias

y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera

defenderla del rayo y la melancolía

de los ingenuos y de los canallas

de la retórica y los paros cardiacos

de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino

defenderla del fuego y de los bomberos

de los suicidas y los homicidas

de las vacaciones y del agobio

de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza

defenderla del óxido y la roña

de la famosa pátina del tiempo

del relente y del oportunismo

de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho

defenderla de dios y del invierno

de las mayúsculas y de la muerte

de los apellidos y las lástimas

del azar

y también de la alegría.

Mario Benedetti

Palabras para Julia

domingo, 17 de mayo de 2009




Tú no puedes volver atrás

porque la vida ya te empuja

como un aullido interminable.


Hija mía, es mejor vivir

con la alegría de los hombres,

que llorar ante el muro ciego.


Te sentirás acorralada,

te sentirás perdida o sola,

tal vez querrás no haber nacido.


Yo sé muy bien que te dirán

que la vida no tiene objeto,

que es un asunto desgraciado.


Entonces siempre acuérdate

de lo que un día yo escribí

pensando en ti como ahora pienso.


Un hombre sólo, una mujer así,

tomados de uno en uno,

son como polvo, no son nada.


Pero yo cuando te hablo a ti,

cuando te escribo estas palabras,

pienso también en otros hombres.


Tu destino está en los demás,

tu futuro es tu propia vida,

tu dignidad es la de todos.


Otros esperan que resistas,

que les ayude tu alegría,

tu canción entre sus canciones.


Entonces siempre acuérdate

de lo que un día yo escribí

pensando en ti como ahora pienso.


Nunca te entregues ni te apartes

junto al camino, nunca digas

no puedo más y aquí me quedo.


La vida es bella, tú verás

como a pesar de los pesares,

tendrás amor, tendrás amigos.


Por lo demás no hay elección

y este mundo tal como es

será todo tu patrimonio.


Perdóname, no sé decirte

nada más, pero tú comprende

que yo aún estoy en el camino.


Y siempre, siempre, acuérdate

de lo que un día yo escribí

pensando en ti como ahora pienso.

José Agustín Goytisolo

Palabras para Julia, por Paco Ibáñez

jueves, 14 de mayo de 2009

Memoria de Federico

miércoles, 13 de agosto de 2008


I

Que no murió. Le mataron.

Contra la cal de una tapia luminosa

Y lo dejaron clavado.

-¡Por vuestras madres!- decía.

Y los fusiles sonaron.

En el vacío de España

Aún retumban los disparos.

-¡Por vuestras madres!- decía.

Y lo dejaron clavado diez pólvoras 

asombradas./

Y una bruta voz de mando.

 

¡Decidme cómo, decidme,

puede ocurrir tal espanto!

¡Ay, hombres sin nombre y madre!

¡Ay, sal seca y hueso amargo!

Diez bocas estupefactas

Y un hombre que estaba al mando.

Nada más, ni nada menos.

Sólo un vacío sin llanto.

Y esta rabia que me grita

Que no murió

Le mataron.

 

II

¡Ay Federico García,

quién lo podía decir!

¡Ay Federico García,

muera la Guardia Civil!

Lo que en otros no envidiaban

Ya lo envidiaban en ti.

Un sepulcro como tu nombre

Y una ciudad de raíz.

La sangre que se agolpa

Quiere ahora hablar de ti.

Toda la pena de España, 

todo este pus de raíz,

Y más allá de mi mismo,

El pueblo que grita en ti:

¡Ay Fererico García,

muera la Guardia Civil!

 

Gabriel Celaya

(Agosto 1949)

España, aparta de mi este cáliz


Niños del mundo,
si cae España -digo, es un decir-
si cae
del cielo abajo su antebrazo que asen,
en cabestro, dos láminas terrestres;
niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas!
¡qué temprano en el sol lo que os decía!
¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano!
¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!

¡Niños del mundo, está
la madre España con su vientre a cuestas;
está nuestra maestra con sus férulas,
está madre y maestra, 
cruz y madera, porque os dio la altura,
vértigo y división y suma, niños;
está con ella, padres procesales!

Si cae -digo, es un decir- si cae
España, de la tierra para abajo, 
niños, ¡cómo vais a cesar de crecer! 
¡cómo va a castigar el año al mes! 
¡cómo van a quedarse en diez los dientes, 
en palote el diptongo, la medalla en llanto! 
¡Cómo va el corderillo a continuar 
atado por la pata al gran tintero! 
¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto 
hasta la letra en que nació la pena!

Niños, 
hijos de los guerreros, entre tanto, 
bajad la voz, que España está ahora mismo repartiendo 
la energía entre el reino animal, 
las florecillas, los cometas y los hombres. 
¡Bajad la voz, que esta 
con su rigor, que es grande, sin saber 
qué hacer, y está en su mano 
la calavera hablando y habla y habla, 
la calavera, aquélla de la trenza, 
la calavera , aquélla de la vida!

¡Bajad la voz, os digo; 
bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto 
de la materia y el rumor menor de las pirámides, y aún 
el de las sienes que andan con dos piedras! 
¡Bajad el aliento, y si 
el antebrazo baja, 
si las férulas suenan, si es la noche, 
si el cielo cabe en dos limbos terrestres, 
si hay ruido en el sonido de las puertas, 
si tardo, 
si no veis a nadie, si os asustan 
los lápices sin punta, si la madre 
España cae -digo, es un decir- 
salid, niños del mundo; id a buscarla!...

César Vallejo

Despedida

viernes, 1 de agosto de 2008


Así pues, hay que en algún momento cerrar la cuenta,
pedir los abrigos y marcharnos,
aquí se quedarán las cosas que trajimos al siglo
y en las que cada uno pusimos nuestra identidad;
se quedarán los demás, que cada vez son otros
y entre los cuales habrá de construirse lo que sigue,
también el hueco de nuestra imaginación se queda
para que entre todos se encarguen de llenarlo,
y nos vamos a nada limpiamente como las plantas,
como los pájaros, como todo lo que está vivo un tiempo
y luego, sin rencor, deja de estarlo.

¿Se imaginan el esplendor del cielo de los tigres,
allí donde gacelas saltan con las grupas carnosas 
esperando la zarpa que cae una vez y otra y otra, 
eternamente? Así es el cielo al que aspiro. Un cielo
con mis fauces y mis garras. O el cielo de las garzas
en el que el tiempo se mueve tan despacio
que el agua tiene tiempo de bañarse y retozar en el agua.
O el cielo carnal de las begonias en el que nunca se apagan
las luces iridiscentes por secretear con sus mejillas 
de arrebolados maquillajes. El cielo cruel de los pastos,
esperanzador y eterno como la existencia de los dioses.
O el cielo multifacético del vino que está siempre soñando
que gargantas de núbiles doncellas se atragantan y se ríen.

Lo que queda no hubo manera de enmendarlo
por más matemáticas que le fuimos echando sin reposo,
ya estaba medio mal desde el principio de las eras
y nadie ha tenido la holgura necesaria para sentarse 
a deshacer el apasionante intríngulis de la creación,
de modo que se queda como estaba, con sus millones,
billones, trillones de galaxias incomprensibles a la mano,
esperando a que alguien tenga tiempo para ver los planos
y completo el panorama lo descifre y se pueda resolver.
Nos vamos. Hago una caravana a las personas 
que estoy echando ya tanto de menos, y digo adiós.